miércoles, 4 de noviembre de 2009

Conoce todo sobre la santa muerte

Conocido como San La Muerte, Señor de La Muerte, Nuestro Señor de la Buena Muerte, Santo Esqueleto o San Justo Nuestro Señor de la Muerte, este culto pagano atrae adeptos en todo el Centro y Sudamérica.

Es una entidad poderosa, que debe respetarse, porque así como muchos le ruegan para hacer el bien, hay otros que lo ocupan para realizar trabajos negativos.

Sus principales seguidores son los santeros y aquellas personas que les interesa conocer los misterios ocultos de la vida y lo esotérico. Aunque en nuestro país son cada vez más los góticos quienes ocupan su imagen para rituales o por moda por estar ligada a la muerte.

En Chile, recién está saliendo a la luz pública, siendo muchas las personas que en forma privada, le rinden culto a través de ofrendas y velas.

Su historia
Cuenta la leyenda que después de la expulsión de los Jesuitas de América (1767) surgieron seguidores de este santo en las zonas de Chaco, Formosa y Santa Fe, tierras de los indios guaraníes. Lentamente, su popularidad fue creciendo hasta extenderse a más regiones de Paraguay, Brasil y Argentina.

En sus orígenes, la imagen que se veneraba era la de un esqueleto sentado o en posición fetal, ya que el pueblo guaraní enterraba a sus muertos en esta forma. Para ellos, la muerte era pasar a otra vida para volver a nacer.

Actualmente, se lo conoce como San La Muerte, Señor de La Muerte, Nuestro Señor de la Buena Muerte, Santo Esqueleto o San Justo Nuestro Señor de la Muerte, su culto atrae adeptos en todo Latinoamérica. Por lo mismo, es considerado uno de los 'santos de palo' (por sus imágenes fabricadas en madera) más poderosos.

La fecha de celebración del Señor de La Muerte es el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos. También se conmemora con misas y procesiones los días 15 y 20 de agosto.

A San La Muerte sus devotos le piden ayuda en el amor, para conseguir o conservar el trabajo y para encontrar cosas perdidas. También se le invoca por protección contra todo tipo de hechicería, para castigar a los enemigos, para los problemas de salud y para la protección de los niños, casas y personas.

La forma en que sus devotos le rinden culto es a través de bailes, canciones y comidas.

Sus devotos también usan un amuleto, denominado Payé, término con el que las tribus guaraníes llamaban a sus médicos, sacerdotes o al mago de las tribus. Este amuleto se entregaba a las personas para su protección contra los males.

Según las creencias populares quien lleve un amuleto del Señor de La Muerte colgado en su cuello, tenga su imagen en la casa o se tatúe su rostro en la espalda, será invulnerable a todo lo negativo, como a un disparo, al fuego o a las puñaladas.

Al morir, el amuleto debía ser retirado de la persona para que pueda recibir la paz eterna, ya que si es enterrado con su imagen pasará a ser un alma en pena.

Generalmente, el material ocupado para hacer el Payé es la madera. Para que su poder se haga efectivo, la imagen debe ser bendecida por un sacerdote, sin que éste se de cuenta, de no ser así dos personas mayores y católicas pueden consagrar la imagen.

El amuleto o Payé se entierra o se coloca cabeza abajo, hasta obtener lo que se ha pedido.

La imagen del santo debe ser mantenida en un altar que debe estar cubierto por una tela o papel negro y alejado de otras imágenes. En el lugar hay que ubicar ofrendas como un puro o cigarro, flores frescas (3 o 7 claveles rojos), un vaso de licor fuerte y su aroma preferida que es pachulí. Estas son ofrendas que se le deben hacer para que responda a lo pedido ya que sus fieles aseguran que si uno le pide algo y cumple, se le debe responder con ofrendas.

De no ser así, se llevará lo pedido.

Para hacerle una petición hay que tener velas. La roja se usa para el amor. Mientras que la blanca o blanca y negro es para pagar cuando el santo ha cumplido. Los días indicados para hacerlo son el martes y el jueves. Mientras que si sólo quiere rezarle, el momento indicado es el martes y el viernes fecha, en que se encienden a su alrededor velas rojas, blancas o negras.

Primero, hay que saludar al santo, hablarle, hacer su oración y el pedido. Una vez que el santo ha cumplido, los restos de las ofrendas se envuelven y se van a botar a un cruce de calle macho y hembra. El licor se bota en un árbol, afuera de la casa.

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