lunes, 26 de octubre de 2009

Profecías sobre el fin del mundo

Fueron "descubiertos" en 1949 por el antropólogo Oscar Nuñaz del Prado al sur del Perú, pero recién en 1955 llegó a las aldeas de O'ero la primera expedición occidental. En 1959, en ocasión de la fiesta anual del Regreso de las Pléyades que se lleva a cabo en los Andes, los miles de asistentes, entre ellos muchos chamanes, observaron con asombro como los Q´ero, vestidos con el emblema Inca del Sol, se dirigieron a la cumbre de la montaña para anunciar que el tiempo de las profecías estaba cerca.

En noviembre de 1996 un pequeño grupo de Q´eros, incluyendo al líder de la tribu y el jefe chamán, visitó varias ciudades de Estados Unidos para cumplir una de sus profecías. En la Catedral de St. Juan el Divino, en Nueva York realizaron un ritual chamánico que no ce celebraba hacía 500 años.

La idea era unir simbólica y espiritualmente a los dos continentes de América del Norte y del Sur. Ese era el momento del gran encuentro llamado mastay, o la reintegración de los pueblos de los cuatro puntos cardinales, una preparación para el día en que el Águila del Norte y el Cóndor del Sur (las Américas) vuelen juntos otra vez.

Este pueblo sostiene que desde ese minuto en adelante, comenzaría un cambio profundo en el mundo entero, un camino hacia la sanación. La profecía sostiene que Norteamérica proporcionará la fortaleza física o cuerpo; Europa proporcionará el aspecto mental o cabeza; y el corazón lo proporcionará Sudamérica.

Pero este conocimiento en forma de profecía es optimista ya que se refieren al final de los tiempos como la muerte de una forma de pensar y de ser, el fin de una forma de relacionarse con la naturaleza y la tierra.

En los próximos años, los incas esperan que emerjamos en una era dorada, un milenio dorado de paz. Las profecías también aluden a unos cambios tumultuosos en la tierra, y en nuestra psique, volviendo a definir nuestras relaciones y espiritualidad.

Ellos le llaman Pachacuti y ya ha empezado. Originalmente Pachacuti fue un gran jefe inca que vivió a finales del siglo XIV, incluso se dice que él construyó Machu Picchu, y que fue el arquitecto de un imperio de igual tamaño que los Estados Unidos.

Pero para los incas, Pachacuti es un prototipo espiritual, un Maestro, un luminoso fuera del tiempo. El era un Mesías, pero no en el sentido cristiano, sino un símbolo y promesa de lo que podemos llegar a convertirnos. Su nombre también significa "transformador de la tierra".

Este tiempo que ya ha comenzado, traerá un período de confusión, que luego devendrá en iluminación. ¿De qué se trataría? Los jefes chamanes hablan de un desgarro en el mismísimo tejido del tiempo. Esto nos ofrece una oportunidad para describirnos no como lo que hemos sido en el pasado, tanto personal como colectivamente, sino como lo que estamos deviniendo.

Los Q´ero creen que las puertas entre los mundos se están abriendo otra vez, agujeros en el tiempo que podemos atravesar e ir más lejos, donde podemos explorar nuestras capacidades humanas. Recobrar nuestra naturaleza luminosa es hoy una posibilidad para todos aquellos que se atrevan a dar el salto.

Los chamanes andinos no tienen un Buda o un Cristo a quien seguir. Más bien dicen: "Sigue tus propias huellas. Aprende de los ríos, árboles y rocas. Honra al Cristo, el Buda, a tus hermanos y hermanas. Honra a la Madre Tierra y al Gran Espíritu. Hónrate a ti mismo y a toda la creación. Mira con los ojos de tu alma y comprométete a lo esencial".

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